Los Orígenes de la OEA. Por José Gregorio Linares

     Aunque la Organización de Estados Americanos (OEA) nació en 1948, sus verdaderos orígenes se remontan al año 1889 cuando se desarrolló la Primera Conferencia Panamericana como estrategia de dominio continental planificada y ejecutada fundamentalmente por el Secretario de Estado de EEUU James Blaine (1830 – 1893). Aquellos polvos trajeron estos lodos.

     A finales del siglo XIX Estados Unidos se había convertido en una nación poderosa desde el punto de vista económico y geopolítico. Necesitaba mercados donde vender sus mercancías excedentes y colocar sus capitales, y gobiernos sumisos dispuestos a aceptar su dominación. En ese sentido, para 1880 el Secretario de Estado James Blaine diseña un proyecto para apuntalar la hegemonía estadounidense. Convoca en 1881 a un “Congreso de Paz” o “Primera conferencia Panamericana” que habría de reunirse en Washington en 1882. En la carta que envía a su representante en Caracas, George W. Carter, le pide que diga que el objeto principal del encuentro es “considerar y discutir los medios de impedir la guerra entre las Naciones de América”. Siguiendo sus órdenes Carter le escribe al canciller de Venezuela Rafael Seijas que el objeto del mismo es “discurrir y adoptar algunos métodos practicables, distintos del recurso a la fuerza para el ajuste de las controversias”. (Washington, 29 de noviembre de 1881). Es decir que la antecesora de la OEA nació supuestamente para fomentar la PAZ.

     El evento pautado para 1882 no se realizó porque el presidente James Garfield fue asesinado en 1881. Blaine, que no era del equipo de nuevo gobierno (1881-1885) presidido por Chester Arthur, renuncia al cargo. Pero insiste en impulsar la I Conferencia Panamericana. En correspondencia que envía al nuevo Presidente enfatiza las verdaderas intenciones de esta Conferencia: los negocios. Le expresa que mediante la misma se “incrementará la producción y el consumo y se estimulará la demanda de artículos que los empresarios norteamericanos pueden suministrar ventajosamente”.

     Años después, durante la presidencia de Benjamín Harrison (1889-1893) sí se llevará a cabo la Primera Conferencia Internacional, impulsada por su mentor originario James Blaine, quien había recuperado el cargo de Secretario de Estado. Con este nuevo impulso, la Conferencia se inició el 2 de octubre de 1889 y culminó el 19 de abril de 1890. Al frente de la delegación de EEUU se encuentra, como era de esperarse, James Blaine, artífice de la Conferencia.

     Estados Unidos reúne a sus vecinos suramericanos para hacerles saber la posición hegemónica que ocupa, y el rol subalterno que desempeñan los estados suramericanos. Allí propone la apertura en Suramérica de un mercado sin trabas proteccionistas para EEUU, de modo que en Suramérica sean adquiridas las mercancías estadounidenses, sin la recíproca intención de facilitar ni la producción de manufacturas suramericanas ni la exportación de sus productos hacia el norte anglosajón.

     José Martí (1853-1895) que había sido invitado en calidad de periodista para difundir el evento vislumbra el peligro que esto significa y alerta: “Jamás hubo en América, de la Independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder. De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia.”

      A esta Primera Conferencia Panamericana asistieron por Venezuela Nicanor Bolet Peraza, José Andrade y Francisco Antonio Silva. El país atravesaba una situación internacional difícil a consecuencia de la política expansionista de Gran Bretaña, que pugnaba por acrecentar sus posesiones coloniales a costa de arrebatarle territorio a nuestro país. A pesar de las declaratorias en contra de la intromisión de Europa en Suramérica, EEUU no apoyó la propuesta de Venezuela de someter el conflicto con Gran Bretaña al arbitraje internacional. “De este modo Venezuela se quedó sola en el conflicto con la principal potencia mundial, Gran Bretaña”. Como protesta ante esta actitud farisea “el delegado venezolano se vio forzado a abstenerse de firmar el Tratado de Arbitraje general, promovido por el Secretario de Estado norteamericano Blaine, como medida de presión ante la falta de respuesta del Gobierno estadounidense en relación al conflicto con la Gran Bretaña”.

     En fin, el gobierno de EEUU no está dispuesto a defender a Venezuela del ataque de Gran Bretaña. Solo se interesa por sus riquezas. Propone: 1) “un tratado de reciprocidad comercial que se aplique a los productos de ambas naciones que sean conducidos en buques bajo la bandera de Venezuela o de los EEUU, y a los que se les concederán los privilegios de los nacionales en el tráfico de las costas”. ¿Cuáles productos de exportación de Venezuela?; 2) “Los ríos de Venezuela serán reservados para la navegación de buques de ese país y de los EEUU”. ¿Y en los ríos de EEUU también podrían navegar libremente nuestros barcos cargados de mercancías made in Venezuela?; 3) “La necesidad de un tratado de amistad, comercio y navegación entre los dos países que garantice la protección de las personas y propiedades de los ciudadanos de ambas naciones que residan en la otra”. ¿Y no fue bajo este argumento de protección de sus ciudadanos que EEUU hicieron la guerra e invadieron varios países posteriormente?

     Ya desde sus orígenes la OEA clamaba por la PAZ cuando sus verdaderas intenciones eran defender los intereses económicos y geopolíticos de EEUU. Por tanto, los venezolanos no solo celebramos haber salido de la OEA, ¡es que nunca debimos haber entrado!  

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