LA DEFENSA DEL SALARIO DESDE EL MOVIMIENTO POPULAR

Ante la encrucijada planteada por el ataque sin cuartel a los valores de solidaridad del pueblo venezolano, expresados como nunca antes, en el fomento del ansia de ganancias, en la falta
de escrúpulos y en la desvergüenza ante la escases (real o inducida) de productos básicos para el buen desenvolvimiento de la vida cotidiana de nuestra población, el Presidente Nicolás Maduro ha lanzado un conjunto de medidas económicas, complementarias al cambio del cono monetario, entre las que se
encuentra el anclaje del salario al valor del Petro (unidad de cuenta contable, que a su vez se encuentra anclada al valor del barril del petróleo, principal activo comercial de la República).

Paralelamente, ha desarrollado un proceso de acuerdo con los empresarios privados, sobre todo los agroindustriales, para garantizar el sostenimiento de los precios de algunos rubros básicos (25 de la
canasta básica y 7 de higiene personal), para estabilizar la capacidad adquisitiva del salario de los trabajadores, el cual se fijo en ½ petro, es decir, 1800 Bs.

Ahora bien, la defensa del poder adquisitivo de esa nueva denominación monetaria, no puede depender exclusivamente del Estado, sus órganos y entes, ya que lo único que puede realmente hacer frente a las ambiciones del capital, es la valiente movilización del pueblo frente a quienes pretenden escamotear su esfuerzo y llevarlo al límite de la subsistencia, hasta hacerlo explotar en una rebelión
contra el gobierno que él mismo ha elegido y relegitimado en diversas ocasiones.

La defensa del salario pasa entonces por un proceso de activación de la movilización popular, por el
control territorial del comercio por parte del pueblo organizado, por la expresión consciente del pueblo en su combate a los antivalores que se pretenden imponer, desde la guerra multimodal que se nos ha impuesto y desde los elementos infiltrados en el gobierno popular, que pretenden dirigir
favoreciendo a los sectores que supuestamente combaten.

El pueblo ha sido siempre sabio, su intuición lo puso al lado del Comandante Chávez desde el mismo instante en que este asumió la responsabilidad ante el país por el movimiento bolivariano y su intento de derrocar al disfraz de democracia que se ejercía durante la Cuarta República.
Hoy ese pueblo sabio tiene claro que su contradicción principal se expresa en la amenaza imperial sobre nuestra integridad territorial y sobre la propia existencia de la Nación, por ello no se plantea la confrontación directa con el gobierno popular, ni siquiera se plantea, por ahora, el enfrentamiento directo con los sectores que han facilitado el empoderamiento de sus enemigos.

Pero la paciencia del pueblo tampoco es infinita, este momento es crucial para la recuperación de la
confianza en la dirigencia, que debe compartir con el pueblo su suerte, sus vivencias y sacrificios, para ganarse el derecho a decirse tal.

El pueblo está exigiendo una dirigencia que se ponga al frente de sus luchas, no sólo desde las instituciones, sino desde las bases comunales, desde las raíces morales de este pueblo, que dirija su enfrentamiento a la usura, a la avidez y avaricia como expresiones del capital incrustadas en la mente de importantes sectores del mismo pueblo.

El salario será defendido en las calles, con movilización, con boicot a productos que asuman precios indebidos, con acción oportuna de los entes del Estado ante la denuncia popular de la especulación y el ultraje del comerciante inescrupuloso.

Sólo la acción coordinada del pueblo en lucha y del Estado en proceso de transición nos permitirá alcanzar la victoria en la batalla por el poder adquisitivo del salario de los trabajadores y trabajadoras.

Por otra parte, combinada con esta acción, tenemos la defensa del puesto de trabajo. Esta lucha se impone en los sectores públicos y privados. En el sector público ante la cada vez más frecuente expresión de ataque a los trabajadores y trabajadoras contestatarios, a los que plantean la organización de la clase para librar el contraataque revolucionario. A ellas y ellos se dirige el ataque rabioso de los sectores oportunistas que se han enquistado dentro de las estructuras del Estado,
amenazando la estabilidad de las trabajadoras y trabajadores revolucionarios que enfrentan los groseros privilegios, el nepotismo y el uso de los recursos del erario público para el gasto suntuario de familiares y amigos que, colocados en puestos de dirección, han convertido instituciones fundadas por la revolución, en cascarones vacíos, similares a las instituciones preexistentes a la revolución, incapaces de dar respuesta a las necesidades y aspiraciones del pueblo.

Los pseudoempresarios privados, sanguijuelas del Estado, que ante la medida de nivelación de los salarios con las ganancias especulativas, se han planteado el cierre de las empresas y fábricas, echando a la calle a las trabajadoras y trabajadores, incumpliendo con sus obligaciones y pretendiendo culpar de esta situación al gobierno revolucionario.

Allí está actuando ya la clase obrera, tomando las plantas paradas, constituyendo los comités de
administración de fábrica y poniendo en funcionamiento los procesos productivos que rutinariamente desarrollaban para enriquecer a patrones y administradores.

El pueblo liberándose y asumiendo la dirección de esos procesos productivos que han sido abandonados por quienes se consideran superiores, por quienes han acordado con nuestro gobierno precios y condiciones que han legitimado el saqueo de nuestro sudor, por quienes finalmente asumen su papel de traidores, de apátridas y se lanzan al cierre de empresas.

Reconoce al fin el pueblo, la clase trabajadora, su poder, el camino para la defensa del salario y el  puesto de trabajo pasa, necesariamente por el reconocimiento de que el PUEBLO PUEDE y ES PODER, es decir, pasa por hacer consciencia, por reconocerse el sujeto y asumir la acción.

EL PUEBLO ASUME SU PODER y por el Camino de Chávez, volvemos a levantar la consigna TODO EL PODER PARA EL PUEBLO.

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