DIPUTADOS DE LA AMÉRICA LIBRE por José Gregorio Linares

    Hubo un grupo de insurgentes suramericanos que se exiliaron en Estados Unidos en la etapa más adversa de la guerra de independencia contra España, entre 1815 y 1819; y allí constituyeron una organización patriota que se autodenominó “Diputados de la América Libre”. Su inquebrantable decisión de seguir luchando cuando muchos creían que todo estaba perdido contribuyó de manera decisiva en el posterior triunfo de las armas republicanas.

    Después de la vuelta al poder de Fernando VII a raíz de la derrota de las tropas francesas que invadieron España entre 1808 y 1814, el imperio español emprendió la reconquista de sus colonias americanas. En 1815 envió una expedición conformado por más de doce mil soldados que llegaron América del Sur en sesenta y seis embarcaciones al mando de Pablo Morillo, un veterano que participó en las guerras napoleónicas. Dicho ejército sometió violentamente a los pueblos insurgentes y prácticamente liquidó el movimiento independentista. No perdonaron ni a los mujeres ni a los civiles que se les habían revelado. De modo que tras su paso, solo quedaron algunos pocos focos guerrilleros en resistencia; mientras que en el exterior la mayoría de los gobiernos de las grandes naciones, incluyendo Gran Bretaña y Estados Unidos, prefirieron aliarse con la victoriosa España que apoyar a unos rebeldes derrotados. Salvo Alejandro Petión y el gobierno de Haití prácticamente nadie quería auxiliar a los patriotas suramericanos.

    Muchos de los sobrevivientes debieron refugiarse en las islas no hispanas del Caribe (Curazao, Jamaica, Haití, Trinidad, San Thomas), en Gran Bretaña y en Estados Unidos. Algunos llegaron a Filadelfia y desde allí conformaron el centro de conspiración “Diputados de la América Libre” de que estamos hablando. Había allí agentes de Venezuela (Pedro Gual, Juan Germán Roscio, Lino de Clemente, José Rafael Revenga, Mariano Montilla), de Argentina (Martín Thompson), del Perú (Vicente Pazos Kanki), de México (Servando Teresa de Mier, F. Zarate), de Nueva Granada (Manuel Torres), e internacionalistas o corsarios al servicio de la causa patriota de diferentes partes del mundo (el escocés Gregor Mac Gregor, el italiano Agustín Codazzi, el francés Luis Aury).

    Entre las tareas fundamentales de estos diputados estaban: la búsqueda de reconocimiento por parte del gobierno estadounidense, el financiamiento de las expediciones que se organizaban en el territorio norteamericano, la compra de armas y pertrechos para el ejército libertador, la búsqueda del apoyo de la opinión pública mediante la difusión de artículos de prensa, el reclutamiento de voluntarios, la construcción de una red suramericana de insurgencia. Entre sus más audaces acciones estuvo la toma de la Florida, con lo que buscaban controlar una zona estratégica en la cuenca del Caribe e impedir el contrabando de armas de EEUU a favor de los realistas; y el apoyo a la expedición libertadora de México dirigida por el general Francisco Xavier Mina.

     La mayoría de los diputados de la América libre vivían en la mayor pobreza, muchas veces lejos de sus familias, sin esperanza de recibir los aportes monetarios y el apoyo logístico que requerían para cumplir su misión. No obstante, emprendieron retos trascendentales para reanimar la causa republicana. Aunque en esa época proliferaron las deserciones habida cuenta del reconquistado poderío español, los diputados de la América libre se mantuvieron firmes en respaldo del movimiento independentista. Se organizaron a pesar del espionaje español que los acosaba. Realizaron eventos públicos pese a que las leyes estadounidenses les prohibían realizar actividades a favor de la independencia suramericana. En fin, aprovecharon el escaso margen de libertad que les permitía su estancia en Estados Unidos para revertir la suerte a favor de las armas patriotas en Suramérica. Sabían que su aporte era esencial para torcer el rumbo de los acontecimientos y preparar el camino para la victoria futura. Comprendían que su papel en ese penoso momento histórico era mantener encendida la llama de la esperanza. Hoy recordamos con orgullo el papel que en Estados Unidos desempeñaron estos abnegados patriotas.


   Por eso indigna que un grupo de parlamentarios venezolanos aliados al gobierno de EEUU conspiren contra la Patria. Hacen todo lo contrario de lo que hicieron los diputados de la América Libre: sirven a la América Opresora. Planifican magnicidios junto al representante ejecutivo de la América Terrorista. Ejecutan acciones desestabilizadoras (golpes de Estado, guarimbas, asalto a cuarteles, autoproclamaciones presidenciales) siguiendo el guion diseñado por el gobierno de la América Injerencista. Apoyan la expropiación de bienes propiedad de Venezuela en el extranjero (empresas, oro), delitos ejecutados por los voceros de la América Cuatrera. Se unen a las campañas mediáticas basadas en fake news, difundidas por voceros de la América Falaz. Respaldan el bloqueo y las penalizaciones impuestas por la América Atracadora a las empresas que negocian con nuestro país. Apoyan la sistemática violación de los derechos humanos consumada por la América Desalmada.


     Estos congresistas no merecen ser llamados diputados de Venezuela, una nación libre y soberana. No, son cipayos al servicio de la América Supremacista. Colonos gringos representantes de la América Invasora. Mejor dicho, son diputados de repúblicas bananeras sometidos a los yanquis. ¿Será por eso que en el último golpe de Estado que intentaron dar enviaron una señal de incondicionalidad a sus amos imperiales? Al lado de las ametralladoras, las bazucas y los proyectiles colocaron los racimos de cambures.

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