RESISTIR INSURGIENDO EN TIEMPOS DE GUERRA. Por Pascualina Curcio

Hay que verle la cara a la dimensión de la guerra económica contra el pueblo venezolano. Ya van 7 años desde que los monopolios transnacionales y también nacionales nos tienen haciendo colas y brincando de sitio en sitio para conseguir los bienes vitales (alimentos, medicamentos y productos de higiene). Nuestra moneda, el bolívar, la han atacado 29.862.393.456%: en 2012 el tipo de cambio era 8,69 BsF/US$, hoy los portales criminales, sin criterio ni sustento económico, solo político y de guerra, marcan 2.595.042.000 BsF/US$ lo que ha ocasionado que desde 2013 los precios no hayan parado de subir.

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CIEN MINUTOS EN LA CARCEL CON LULA. Por Ignacio Ramonet

Al expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, encarcelado en la ciudad de Curitiba, en el sur del país, solo le permiten la visita de dos personas por semana. Una hora. Los jueves en la tarde, de cuatro a cinco. Hay que esperar turno. Y la lista de quienes desean verle es larga… Pero hoy 12 de septiembre, nos toca a Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, y a mi.

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VAMOS GENTE DE MI TIERRA. Por Elías Jaua

Con este artículo iniciamos una nueva etapa en la batalla de ideas, en un contexto cada día más complejo para nuestra Patria y para la vida cotidiana de la familia venezolana, pero que a la vez nos obliga a un sublime aliento para encontrar o inventar las claves que nos permitan despejar el horizonte, con el espíritu de la canción necesaria de Ali Primera: “Vamos gente de mi tierra, luchemos, luchemos por un mundo mejor”.

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LA ZONA TEMPORALMENTE AUTÓNOMA: EL PLAN DEL PENTÁGONO PARA LA FRONTERA COLOMBO-VENEZOLANA. Por José Negrón Valera

Jeff Cooper, el creador del código de colores con el que solemos asociar los niveles de amenaza, escribió en su libro Principios de Defensa Personal, que mucho más importantes que las armas o la experticia en el manejo de estas, es constituir una verdadera mentalidad de combate.

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DESACELERANDO LOS PRECIOS. Por Pasqualina Curcio

Resulta muy interesante escuchar y leer a economistas y a “expertos”, algunos de derecha y otros de “izquierda”, cuando afirman que se logró controlar la hiperinflación. Resulta aún más interesante cuando explican las razones que, al no estar sustentadas en cálculos, pareciera que compiten en un torneo de arco y flecha.

Ciertamente los meses de marzo, abril y mayo el porcentaje de variación de los precios fue menor, sólo variaron 34,8%, 33,8% y 33% respectivamente. Al comparar esa inflación mensual con la de enero, 196,6% y la de febrero, 114,4%, sin dudas es menor.

Especulan diciendo que la desaceleración de los precios se debió a la política de encaje legal adoptada por el BCV que implicó la disminución de la cantidad de dinero. Si fuese cierto, cómo explican entonces la elevada inflación de enero si durante ese mes cayó 41,1% la cantidad de dinero, o sin ir muy lejos, cómo interpretan la inflación de las últimas dos semanas a pesar de que la caída de la masa monetaria real fue 40% en agosto. ¿No será que el aumento de los precios tiene que ver con la arremetida del ataque a nuestra moneda?

Insistimos en que la causa determinante de la inflación en Venezuela es el ataque al bolívar. Cada vez que aumenta el tipo de cambio en los portales criminales también incrementan los precios de los bienes y servicios. Detener la hiperinflación pasa necesariamente por evitar la manipulación política del tipo de cambio.

Disminuir la cantidad de dinero que circula en la economía no solo no detiene la escalada de los precios, sino que además agrava la situación, potencia el arma del enemigo, le echa una mano. Veamos por qué.

*Congelando los salarios*

A pesar de que la inflación en lo que va de año ronda los 7000%, los salarios no se han ajustado desde abril (por cierto, es una evidencia más de que la causa del aumento de los precios no es tampoco el incremento de los salarios). No se han ajustado porque para pagar dichos salarios en la administración pública, incluyendo las pensiones, se requiere aumentar la cantidad de dinero, que según la leyenda urbana es la causa de la inflación.

En lo que va de año se ha deteriorado 87% el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente los que laboran en el sector público, ocasionando, además, la renuncia de profesionales y técnicos altamente calificados: ingenieros, médicos, enfermeras, maestras.

*Desfinanciando la administración pública*

Más grave que el deterioro del salario real ha sido el desfinanciamiento del sector público. En una situación de hiperinflación el presupuesto de inversión y gasto de, por ejemplo, los ministerios, jamás será suficiente. Cubrir la insuficiencia presupuestaria requiere necesariamente aumentar la cantidad de dinero, no hay impuestos suficientes que permitan hacerlo.

El presupuesto de gasto público del año 2018 se elaboró estimando una inflación de 300%, muy, pero muy por debajo del incremento de precios de ese año que fue, según el BCV, de 130.060%. Obviamente que para enero de 2018 ya se habían agotado los recursos. De más está decir que la insuficiencia se generó no porque el gobierno decidió “irresponsablemente” gastar más de lo que tiene presupuestado como dicen algunos economistas, sino porque aumentaron desproporcionadamente los precios debido al ataque al bolívar.

Si además del deterioro del salario real, los trabajadores debemos llevar el material médico y medicamentos para que me atiendan en el hospital, la carga en el hogar se hace mucho más pesada.

En guerra y en revolución debemos fortalecer lo público: la prestación del servicio de salud, de educación, de transporte, de electricidad, agua, gas. Caer en la trampa monetarista y desfinanciar la administración pública conlleva al deterioro de los servicios prestados por el gobierno y a la privatización de hecho.

*Tirando flechas*

No es disminuyendo la cantidad de dinero que se detendrán los precios, hay que centrar los esfuerzos en detener el ataque a la moneda. Hay que blindar el bolívar.

Para ello es necesario recuperar las reservas internacionales. Haber liberado el control cambiario fue un error. En tiempos de guerra cuando los ingresos por exportación de petróleo se han visto mermados no podemos darnos el lujo de permitir que libremente se los lleve el enemigo (los grandes capitales transnacionales). Requerimos esos ingresos para cubrir las necesidades materiales de nuestros soldados, es decir, del pueblo todo. Fue ingenuo pensar que liberando el mercado cambiario ingresarían los capitales privados. Fue inocente creer que eliminando el control de cambio desaparecería dolartoday.

Otro error ha sido anclar el bolívar al petro, aunque en realidad está anclado al tipo de cambio criminal. Cada vez que atacan nuestra moneda la relación bolívar-petro aumenta, lo que equivale a decir que se deprecia el bolívar. Independientemente como decidan hacerlo, lo importante es que la moneda en la que se marcan precios y salarios, en este caso el bolívar, debe ser la que se fortalezca. Para ello el respaldo debe ser directo del bolívar con respecto a un activo físico y no indirectamente a través de otra moneda, llámese petro.

El petro, además de ser solo una moneda, no cumple las características que le permitan respaldar sólidamente el bolívar. Primero, no es un activo escaso, por el contrario, puede ser emitido infinitamente dependiendo de los algoritmos de una computadora.

Segundo, el petro está respaldado en el petróleo, el cual tampoco cumple con la característica para ser activo de respaldo. El petróleo, a diferencia del oro, pasa por un proceso de combustión que lo transforma en energía y lo desaparece. De toda la tabla periódica, el oro es el elemento químico que no puede ser ni destruido, ni transformado, no por casualidad ha sustentado el sistema monetario internacional por siglos. Esa es una de las razones por las cuales el agua, que es mucho más valiosa para la humanidad que el propio oro o el petróleo, no ha sido considerada respaldo monetario.

Apuntemos bien.

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